La oración, es para las personas espirituales, la herramienta más poderosa, que permite al individuo llegar al contacto con Dios Padre, sus ángeles y corte diocesana.
En ocasiones veo en Facebook y páginas sociales, especializadas como demeritan la oración, igual que la religión, pretendiendo imponer en las personas una visión errónea de lo que es la oración, la religión y los comportamientos que de allí de derivan.
En primer nivel de análisis, la oración permite esa comunión entre espíritus y Dios Padre, debido a que primero hay que buscar el Reino de Dios, este logro es únicamente a través del espíritu, por lo que debemos siempre al acostarnos DESEAR llegar en espíritu al Reino de Dios o las Mansiones del espíritu.
por ello ritos o rituales, como el de la misa, para los católicos, el rosario para los Marianos, y las promesas de visitas a santuarios, hechas de corazón, permiten el despertar del espíritu a través de la centricidad de pensamiento, que es la concentración ciento por ciento en el evento que se realiza.
En la medida que se realiza el acercamiento al Reino de Dios, se logra el DESPERTAR ESPIRITUAL, verdadera esencia de la religión, la meditación, espiritualidad o el camino del no creyente. y digo esto último, porque conocí a un caballero que es ateo y hasta blasfemo- dada su ignorancia y atrapamiento de la filosofía materialista-, que es compensada por su amor a la defensa personal y artes marciales así como de sus ayunos y amor por los animales.
Por ello, los que están imbuidos por grupos orientales o por grupos satánicos o gnósticos, y en algunos casos metafísicos- seguidores de san German-, buscan degradar a los católicos y demás cristianos que se apoyan en la biblia con el ánimo de desviarlos de su corriente religiosa.
En algunos casos encuentro como con los seguidores de san German, que inicialmente hablan divinamente sobre la Biblia y Jesús, el Cristo, el Cordero, y después empiezan a bajar del curubito a Jesús e introducen a san German, diciendo que ya la época de ese maestro pasó y estamos en la de san German, y ya los sacan del cristianismo.
En líneas generales, todos aportan su grano de arena, y la invitación es a que conlleven a las personas al despertar de su espíritu, sin degradar a las demás organizaciones religiosas, siendo sinceros y honestos para que cada uno elija su camino.
Un segundo análisis, de la oración, nos permite ver en la universalización de su vocablo, que la oración es aquella realizada cada vez que hacemos algo o pensamos en algo con intensidad, es decir siempre que pensamos o actuamos estamos orando y de esta manera caminamos en ese despertar espiritual, así obremos inadecuadamente. En la medida que crezca en nosotros ese poder espiritual, se genera automáticamente el despertar y así podemos ver nuestros errores, malas conductas y obrares, alejándonos de ellas -las malas conductas-, perfeccionándonos. de tal manera vemos que el homosexualismo, pedofilia, relaciones intrafamiliares o incestos, el robo, el asesinar- sin justa causa-: abuso del poder contra los seres humanos, animales, plantas y el planeta mismo, mentir, etc..
Por ello, el espiritismo, la brujería, hechicería y demás, son rechazadas en nuestras Sagradas Escrituras, porque TENEMOS LA CAPACIDAD de realizar la consecución de resultados y contactos espirituales sin acudir a esos mecanismos que afectan nuestro adelanto y nos desvían del correcto desarrollo.
Importante si es el obrar porque nos acerca a la consecución de lo deseado, complementando y materializando lo deseado si es de este plano lo anhelado. Para las personas , digamos menos adelantadas, la oración como dice Ilda, amiga estudiosa de estos temas, no alcanza a llegar si quiera las nubes, mucho menos salir del planeta, queda la obra- que también requiere adelanto espiritual-.
Otra forma de decirlo, es como mamá, se es corto de espíritu, que indica falta de fuerza espiritual, poco despertar espiritual o falta de fe; que con el obrar, se fortalece, y más, mucho más con la oración pura y fuerte.
Es así, que las grandes religiones, realizan oración a las seis de la mañana, doce del día y seis de la tarde, donde buscan unirse la gran mayoría de creyentes y seguidores de ellas, incluidos los grupos que no las comparten pero si buscan su alimento espiritual. y, es que he visto en misa hasta a brujos y espiritistas alimentándose de nuestra energía espiritual y de la que trae nuestro sacerdote y sus acompañantes en la consagración. Quizá debido a sus impurezas o rechazo de Dios Padre y su Reino, pero que como nuestro cuerpo requieren de la energía espiritual para poder vivir.
De allí, finalmente, la importancia de santos, santones, sacerdotes, religiosos consagrados, y de la población que pida siempre perdón por los pecadores, y que frenen los intereses contrarios que tratan de alejarnos de la religión y fe religiosa para que nos descarriemos, y ellos imponer su orden que es contrario al debido y de sentido común. así, también, que nos traigan ese reino de dios, a través de la oración.. Reino que es energía pura y sabiduría para discernir y poder obrar bien por encima de falacias y engaños.
lunes, 24 de junio de 2019
sábado, 8 de septiembre de 2018
¡QUÉ SON LOS DONES DEL ESPÍRITU ?(II)
tomado de https://concentrarparabienvivir.blogspot.com/p/xi-que-son-los-dones-delespiritu-n-o.html
...parte II
No ha de sernos en manera alguna beneficioso, sino muy perjudicial, vivir en una miserable choza, o llevar vestidos andrajosos, o comer alimentos de inferior calidad, o vernos obligados a vivir junto con personas de natural vulgar y grosero. Cristo nunca predicó que los hombres deben vivir pobremente; lo que predicó fue que siempre anduviésemos sin bolsa ni bolsillo, que vendiésemos nuestros bienes y los diésemos a los pobres. Siguiendo el verdadero sentido de esta idea, puede inferirse que la perfecta fe en el cultivo de este estado mental es lo que ha de traernos todas aquellas cosas de que tengamos necesidad. Cristo dijo en substancia: “Mira ante todo de poner tu mente y tu espíritu, de la manera más perfecta que puedas, en la línea de correspondencia y de relación con Dios, o sea la fuerza infinita del bien, y cuando hayas hecho esto, vendrá a ti la parte que hayas merecido, obteniendo así un aumento de poder espiritual que ha de alcanzarte todo aquello de que tengas necesidad”. No veo ninguna razón para no incluir entre nuestras necesidades las casas, los carruajes y los vestidos más ricos, como todo aquello que pueda ser algún placer a los ojos, a los oídos o a cualquiera de nuestros sentidos. El esplendor no envilece a nadie; tanto valdría decir que la esplendorosa luz del sol nos ensombrece. Si estamos con Dios, o sea con el infinito, cuando diligentemente lo hemos buscado, nos proporcionará buenos dones, y en verdad no pueden ser tales ni los alimentos de inferior calidad, ni los vestidos andrajosos, ni las habitaciones insalubres y sin comodidad.
La profecía o adivinación es un don espiritual que poseen gran número de personas, ejerciéndolo hasta de un modo inconsciente. Nuestro espíritu, que es nuestro YO más elevado, tiene el poder de inspirarnos los mejores caminos y los mejores modos para llevar adelante los propios negocios. En mu-chas ocasiones, al toparnos por la primera vez con una persona, nos avisa y advierte ese don que la tal persona tiene un defecto de carácter contra el cual nos hemos de poner en guardia. Despreciar estos avisos es como despreciar nuestra propia profecía, contentándonos entonces con ser enteramente gobernados por el consejo o por el temor de los demás, bajo el cual nos sentiremos oprimidos o domina-dos, sin disfrutar de la libertad o independencia de la vida que desearíamos tener, y que tendríamos si hubiésemos aprendido a confiar en nuestra propia intuición, en nuestra enseñanza interna, la única enseñanza verdaderamente segura que puede guiarnos en esta y en otras existencias, porque consiste en la parte que nos corresponde en la relación de los hombres con Dios, o sea con el infinito poder del bien. Cuanto más y mejor cultivemos esta parte del infinito poder que hemos merecido, mayor claridad dará a nuestra mente y más provechosa será para nosotros su acción. Y cuando los hombres y las mujeres creen en sí mismos, y para hacer lo que se hayan propuesto han aprendido a confiar en su propio poder, sin embargo aceptando la ayuda de los demás, aunque considerando esta ayuda como secundaria para dar impulso a aquello que han resuelto emprender, significa que los tales saben ya de un modo absoluto que forman parte del Infinito Poder, y que, como parte de él que son, poseen, en más o en menos, sus cualidades y les será dable alcanzar todo aquello que un día se propusieran.
Toda mente puede ser profeta con respecto a sí misma, y en su propio país; si así se hubiese reconocido, no sería el acto de profetizar tan menospreciado como ha sido y es aún, ni los hombres despreciarían tan funestamente sus internas enseñanzas, aun a costa de hacer perder a nuestra mente el poder de dirigirnos por el camino más recto, mientras seguimos los consejos de alguno que tal vez nos lleva directamente a la perdición.
Nuestra mente y nuestro espíritu viven muy adelantados siempre a nuestra vida terrenal y de los sentidos materiales. Con sus superiores sentidos, de una mayor finura de percepción, puede el espíritu, en un tiempo inconcebiblemente corto, ver y cumplir las mismas cosas que más adelante verá y cumplirá también, en el plano inferior de su existencia, mediante los sentidos físicos del cuerpo. Como existe alrededor de nosotros un mundo físico, existe también con igual realidad un mundo invisible que nos rodea, constituido por elementos invisibles, y el cual en todos sus aspectos es un exacto reflejo del mundo mental o ideal de cada individualidad, con la circunstancia de que los mundos espirituales de dos personas que viven en una misma casa y se sientan todos los días a una misma mesa pueden ser tan diferentes el uno del otro como el mundo de los trópicos es distinto del mundo ártico. Cada uno de los actos que han tomado realidad en nuestro mundo visible, concerniendo muy de cerca a nuestra propia existencia, viene a ser en cierto modo el resultado de la acción de nuestro espíritu, precedido de un acto semejante en el mundo invisible; y es que los ojos proféticos del espíritu han previsto aquel acto muchos días y aun muchos años antes que se haya realizado. Esta acción de profetizar, del mismo modo puede cumplirse refiriéndose a los demás que a nosotros mismos. Ésta es la razón por la cual mu-chas veces, en el momento de realizar algún acto, nos ilumina la mente como un relámpago la idea de que anteriormente y en las mismas circunstancias habíamos ya realizado la misma acción. Y es que vemos entonces realizado en el mundo físico lo que antes vio realizado nuestra mente en el mundo espiritual, acto en que había tomado parte nuestro espíritu junto con el espíritu de las personas que no conocíamos aun físicamente, pero que conocimos en el mundo visible más adelante. Si consideramos las intuiciones o profecías de nuestro propio espíritu como si fuesen simples fantasías o inútiles divagaciones, o bien en la mayor parte de las cosas que nos conciernen nos dejamos guiar por la opinión de los demás, nunca estaremos advertidos de ningún acontecimiento ni de la fase más feliz de nuestra vida que se haya de realizar en lo futuro, y aun de esta manera podemos retardar su advenimiento, por lo cual cabe afirmar que muchas veces nosotros mismos retrasamos nuestra propia felicidad, aunque ja-más podremos destruir su posibilidad. Nuestro YO de hoy, dentro de cien años hará tal vez uso de otro cuerpo, y nuestro YO de cien años después tendrá seguramente mucho mayor poder que nuestro YO actual; y tiempo vendrá en que todos los espíritus habrán alcanzado el necesario poder y en que serán capaces de mirar a través de sí mismos, o mejor dicho: hacia atrás, viendo todas sus pasadas existencias físicas, desde la más lejana e inferior a la más elevada de todas, como si constituyesen una sola y única existencia, pues los diferentes cuerpos de que hemos hecho uso durante esas vidas vienen a ser algo así como los vestidos que hemos llevado en una sola vida terrenal.
Todas las cosas que vemos y todos los sucesos que se realizan ante nuestros ojos físicos no tienen su origen en este mundo, sino en el mundo del espíritu. Las cosas materiales que existen aquí son como la imagen de las cosas que realmente existen en el mundo espiritual, pero como una imagen de orden relativamente inferior. A medida que nuestro mundo mental, el nuestro propio, adelanta y progresa, con su impulso y sus inspiraciones nos hace adelantar y progresar. Nuestro mundo espiritual es el que da calor y aliento a todas las cosas que hacemos o realizamos en esta vida, del mismo modo que el sol material da aliento y calor al mundo físico, haciendo vivir a las plantas, animales y hombres de un orden superior, también los elementos espirituales o fuerzas que actúan sobre este planeta van aumentando siempre en perfección y poder.
¿QUÉ SON LOS DONES DEL ESPÍRITU?(I)
tomado de: https://concentrarparabienvivir.blogspot.com/p/xi-que-son-los-dones-delespiritu-n-o.html
No hay más que un solo espíritu, un solo poder, una sola fuerza en el universo, pero es incontable la diversidad de sus manifestaciones y de sus modos de expresión. Esta fuerza es la que mueve la más ligera brisa, y levanta el agua de los mares, e impulsa a la Tierra en su órbita; y es la misma que hace germinar la semilla y crecer las plantas, y que pinta las flores con matices inimitables, y colora el plumaje de los pájaros y de las aves, y da fuerza a sus alas para volar, y accionar sobre el instinto, o razón inferior, de los animales. La más elevada expresión de esta fuerza la vemos en el hombre, porque en el hombre está concentrada una mayor cantidad de esta fuerza. En más elevados e invisibles órdenes de existencia, esta fuerza está aún concentrada en proporciones inmensamente mayores que en el hombre, siendo, por consiguiente, mucho mayor su poder, del mismo modo que en el hombre lo están mucho más que en los animales inferiores.
Es un don del espíritu la fuerza que, al oscurecerse el horizonte de nuestra vida, o al apartarse de nosotros nuestros amigos, o al vernos acosados por los acreedores, o al caer en desgracia nuestros asuntos o negocios, nos mantiene la mente y el corazón en el más tranquilo de los estados, dejándonos tan satisfechos y alegres como cuando todo sonreía alrededor de nosotros. Si poseemos este don especial, o, en otras palabras, si hemos reunido la fuerza necesaria para poder conservar, en medio del mayor de los desastres, un tranquilo estado mental, no dudemos de que reinamos sobre el triunfo y de que el triunfo ha de venir a nosotros; porque la poderosa fuerza de nuestra mente es sentida por otras mu-chas mentalidades, esté nuestro cuerpo dormido o despierto, y manteniendo en ellas el interés por nosotros, de alguna manera habrán de acudir a nuestra ayuda. Si mantenemos el estado mental de la con-fianza y de la resolución, espiritualmente, o sea por medio de invisibles elementos, nos pondremos en relación con otras mentalidades llenas de confianza, de resolución y de actividad. Llegamos así a con-fundirnos con esas mentalidades, pues, al darles una parte de nuestras propias fuerzas, recibimos en cambio una parte de las suyas, y de este modo contribuimos juntamente a la realización del triunfo.
La sagacidad en los negocios es un don del espíritu o poder espiritual. Hay ciertos negocios que exigen una cierta facultad de profecía, por medio de la cual se conozca cuándo se ha de comprar, de qué modo se ha de comprar, y cuándo y cómo se habrá de vender. Exigen también el conocimiento de la naturaleza humana hasta el punto de saber descubrir, o mejor dicho: sentir la honradez o la falta de honradez nada más que con un sola mirada. Poseemos, pues, un sentido por el cual descubrimos la naturaleza del espíritu de los demás, y nos dice con toda claridad si ese espíritu es bueno o es malo, del mismo modo que, por medio del sentido físico del tacto, conocemos o descubrimos la diferencia entre una superficie lisa de otra que no lo es. En el mundo de los negocios existe también un poder espiritual que enseña a economizar el tiempo y las energías, pudiendo quien lo posee cumplir en sólo una hora aquello mismo que a otros les exigirá todo un día de trabajo. Son muchos los grandes éxitos comercia-les obtenidos nada más que por la acción de uno de esos poderes del espíritu. El poder espiritual puede ser usado en todos los órdenes de la vida, y en realidad éste es el único poder, en cualquiera de sus manifestaciones, que está en constante acción. Lo que sucede es que puede ser empleado tanto en los planos elevados de la existencia como en los más bajos y ruines.
El hombre espiritual no vive en el reino de los sueños, ni en las nubes, ni tiene siempre la cara fosca, ni presenta nunca aires de gran languidez, como si las cosas de este mundo no fuesen dignas de su consideración, o fuesen más bien tristes que alegres. Espiritualidad significa, por el contrario que posee la mayor agudeza de inteligencia, la mayor finura de percepción, la mayor cantidad de fuerza espiritual que pueden estar reunidas en un hombre solo y, además, que se tiene la suficiente sabiduría para hacer de estas fuerzas el empleo más provechoso. Espiritualidad significa que se pese la mayor capacidad de gobierno que es posible en un hombre, sea esta capacidad ejercida en el imperio reducido de una familia o en el imperio vastísimo de una nación. Los dones espirituales, pues, consisten en toda clase de poderes y en toda clase de aptitudes para el empleo útil de estos poderes y de estos talentos.
Existe un don espiritual por medio del cual se han hallado las propiedades curativas que poseen las plantas, las raíces y las hierbas. Toda la naturaleza expresada en substancia, substancia que ven nuestros ojos físicos, es al propio tiempo una expresión de fuerza mental; y cada planta posee una peculiar expresión o cualidad de esa fuerza, y, naturalmente, si es aplicada con la necesaria precisión, puede ayudar al espíritu individual a la curación de las enfermedades. Pero todas las cosas visibles son expresiones de las más bajas o relativamente groseras formas del espíritu o de la mente, y por eso tienen también un más limitado poder. De ahí que, cuando aplicamos o suministramos algún remedio material, la mayor garantía de curación no reside en ese remedio, sino en el poder mental, y más aún en la fuerza mental o espiritual que nos es propia y la cual pone al cuerpo fuera del alcance de los ataques de la enfermedad. Vestimos el cuerpo con tejidos de lana o de algodón, haciendo como una aplicación externa de estas substancias, para protegernos contra el frío. Pero yo creo en el poder de la mente para resistir al frío y llegar hasta sentir bienestar llevando encima mucha menos ropa de la que ordinaria-mente se usa. Gradualmente puede nuestro espíritu llegar a alcanzar este poder; pero conviene disminuir la cantidad de ropas con que hemos de abrigarnos en tiempo frío, si antes no hemos acrecido en nosotros o reunido por medio de apropiados ejercicios mentales toda la fuerza espiritual que es menes-ter para poder resistir al frío. Si creo que una medicina determinada ha de contribuir a curar una enfermedad de mi cuerpo, o sea que su peculiar fuerza espiritual se añadirá a mi propia fuerza espiritual para obrar juntamente sobre el cuerpo, será mucho mejor y más eficaz que tomar dicha medicina, fijar mi pensamiento en ella. Por esta misma razón, nunca me precipito a tomar remedios ni estimulante de ninguna clase al primer signo de dolor o de debilidad, sino que recurro en seguida a mis fuerzas menta-les o espirituales, y en muchos casos esto basta al principio y aun para mucho después. El don del pensamiento curativo es también un don espiritual, y es propio de todos los hombres, pues goza de él cada uno de nosotros en más o menos, según que nuestra constante corriente espiritual contenga mayor o menor cantidad de ideas de pureza, de amistad, de vigor, de confianza, de resolución y de amor hacia los demás hombres. Dirigir hacia una persona enferma una corriente espiritual de este orden constituye un elemento de fuerza tan real que tiene poder para devolverle sus energías. Si enviamos a los demás, fuerzas que emanan de una fuente de salud, esto es, de un espíritu sano, es claro que ahuyentaremos la enfermedad, o que, cuando menos, daremos gran consuelo al cuerpo. Nuestro propio pensamiento, ayudado por los pensamientos sanos de los demás, llegará a constituir una substancia real capaz de reconfortar o fortalecer el órgano que esté enfermo o dolorido, abriendo ancho camino por el cual pue-den llegar hasta él los elementos necesarios para lograr su restablecimiento.
Todo dolor físico consiste simplemente en una pérdida de elementos vitales que se ha producido en la parte afectada, con lo cual la sangre adquiere el poder de afluir y estancarse allí, a lo que llamamos una inflamación. Pero en la sangre no está la verdadera vida del cuerpo; la sangre no es más que el conductor de los invisibles aunque reales elementos de vida, o sea el espíritu, y, naturalmente, si la sangre se ha empobrecido, pierde el poder que necesita para el traslado de los elementos vitales. De este modo va reuniéndose la sangre en un sitio o lugar determinado, y el esfuerzo del espíritu para hacerla correr se concentra muchas veces de un modo excesivo en este sitio u órgano, lo cual produce un sufrimiento o un dolor; este dolor o este sufrimiento significan que la fuerza invisible, el espíritu, no se halla distribuido con igualdad por todo el cuerpo, sino que reacciona con exceso en cierta parte de él, en cuyo caso alguna otra parte o algún órgano del cuerpo siente la falta de esa fuerza y, por consiguiente, se debilita.
La idea de salud puede reavivar y dar nuevas energías a los cuerpos enfermos, y ésta es la razón de que, cuando estamos enfermos, nos parece sentirnos mejor y recibimos una impresión agradable si nos visita una persona querida, de espíritu robusto y lleno de esperanza. Da una persona siempre aquello que tiene, y de ella recibimos y absorbemos mentalmente elementos vitales. Conviene, pues, que las personas y los amigos que rodean el lecho del enfermo, o que se hallen siquiera en la casa del enfermo, intenten al menos ponerse en el estado mental de la esperanza, de la fuerza y del amor, manteniendo también en la mente la idea de que el espíritu de la persona enferma es tan fuerte como conviene a su estado y que la angustia que le causa su dolor es producto tan sólo del esfuerzo que hace el espíritu para volver a la completa posesión de su instrumento, que es el cuerpo, con lo cual le darán elementos de esperanza y de valor, y fortalecerán los elementos vitales que han de ayudar a la curación del cuerpo, habiendo hecho la buena obra de emplear los poderes del espíritu en ayudar a la reconstitución del equilibrio en un cuerpo enfermo. Si en vez de esto, los que rodean el lecho del enfermo están tristes y pesarosos, melancólicos y desesperanzados, arrojan en la lucha espiritual elementos de tristeza y de desaliento, con lo que convierten su acción en nefanda, pues hacen más dura y más difícil aún la lucha del espíritu con los elementos que le son contrarios. Si diez, o veinte, o mil, o cien mil amigos de una persona enferma se muestran desalentados y sin esperanza respecto a su curación, como esa misma persona, estén lejos o cerca de ella, a causa de que alguno ha dicho que la enfermedad es incurable, lo que hacen es aumentar todavía el volumen de las ideas de desesperanza que actúan sobre el espíritu del paciente. Todas esas personas habrán ejercido su poder espiritual en una dirección equivocada. Debe tenerse en cuenta, además que este poder, así para el bien como para el mal, así para la vida como para la muerte, será tanto más poderoso sobre el cuerpo de un enfermo cuanto mayor sea el número de las mentes que proyecten su pensamiento en la dirección de una persona determinada.
El don curativo puede y debe ser empleado colectivamente; y si, cuando el cuerpo de algún robusto y provechoso espíritu es atacado por un enfermedad, todas las mentes dirigen hacia esa persona una corriente de ideas de esperanza y de vigor –ideas llenas de la alegría de la vida, no de la tristeza de la muerte, y también llenas del deseo de que ese espíritu entre otra vez en el dominio completo de su cuerpo y que pueda descubrir la causa de la enfermedad que padece para en adelante guardarse de ella, con su acción alargarán mucho más su vida entre los hombres.
Esto sería, y es en realidad, la plegaria de la fe, y esta plegaria de la fe salvará al enfermo, esto es: fe en una cierta cualidad de poder que poseen los elementos mentales para dar fuerza y devolver sus energías a un cuerpo decaído o debilitado por una causa cualquiera, y fe en que son un real aunque invisible elemento constructivo. Éste es el poder de Dios, o sea el Infinito Espíritu del bien, que ejerce su acción en nosotros y sobre nosotros, para combatir nuestras enfermedades y las de los demás; y éste es el poder que todos nosotros vamos acumulando en esta y en otras existencias, hasta que podrá mantener nuestros cuerpos en el más perfecto estado de salud, libres de todo dolor, y siempre más y más llenos de vida y de fuerza. Este poder hará nuestra mente tan sana y tan robusta como nuestro cuerpo, libertándola de toda tristeza, de toda oscuridad, de toda desesperanza y de toda otra forma de enferme-dad mental; no otra cosa significa en realidad la frase: “Dios secará las lágrimas de todos los ojos”.
El mundo va progresando constantemente en este sentido, y aun la ciencia médica hace cada día menos uso de las drogas, en comparación a los antiguos tiempos, como también cada día va apartándose más y más de la absoluta dependencia de lo material y apoyándose, más o menos inconscientemente, en los invisibles y espirituales elementos de la Naturaleza. No son pocos actualmente los médicos de espíritu superior y fuerte, llenos de energías, de confianza y de resolución, que deben los triunfos alcanzados en su práctica tanto o más a la corriente de ideas de esperanza, de fuerza, de alegría que dirigen hacia el enfermo, que a las medicinas a que apelan.
Existen dos clases de doctores o médicos. Unos que alimentan las enfermedades del paciente, otros que alimentan el cuerpo del paciente; unos mantienen viva y en acción la enfermedad, otros mantienen vivo y en plena acción el cuerpo del enfermo; unos mantienen la enfermedad en el cuerpo, otros la arrojan fuera del cuerpo. Unos y otros ejercen la influencia de su especial don espiritual sobre el paciente, pero en forma completamente distinta y con diversos resultados.
Otro de los dones espirituales consiste en que, cuando tenemos mentalmente formado un plan o propósito determinado, sepamos mantenernos en él, impidiendo que se nos desvíe ni se ejerza sobre nosotros influencia alguna, ni por la tentación, ni por la burla, ni por el ridículo de los demás. Si tomamos la resolución de hacer en algún concepto, en artes o en negocios comerciales, algo que sea más grande y elevado de cuanto vemos actualmente en torno, el don espiritual de que hablamos nos mantendrá en esta resolución. Aquel que quiera triunfar, mentalmente o imaginativamente debe siempre vivir, moverse, pensar y actuar como si hubiese ya obtenido el ansiado triunfo, o no lo alcanzará jamás. Los verdaderos reyes en el imperio de la mente son aquellos que piensan siempre lo mejor de sí mismos y se tienen en tan grande estima aunque se vean obligados a permanecer temporalmente en lo que el mundo situaciones humildes, como si se hallasen sentados en un trono. Los que acierten a vivir en me-dio de estos sentimientos de la propia estima son los que siempre se tendrán a sí mismos todo el respe-to debido, y éstos son los que, en cualquier circunstancia de la vida en que se hallen, por la fuerza de este don espiritual alcanzarán siempre el punto culminante que de derecho les pertenece. Este resultado se debe a la acción de sus fuerzas mentales puestas al servicio de una firme resolución, más que al empleo de las fuerzas físicas del cuerpo. Las fuerzas físicas han de entrar en acción solamente cuando el espíritu o la clara visión mental han descubierto la cosa, o el camino, o el lugar y tiempo en que o sobre el que dicha fuerza ha de ser empleada, del mismo modo que el carpintero no hace uso de la sierra hasta que ha medido bien y decidido lo que ha de cortar con ella. Si el carpintero se pusiese a aserrar a tontas y a locas, lo echaría todo a perder y no construiría jamás una sola pieza útil, y eso es en realidad lo que hacen millares de personas con su cuerpo. Estas tales ponen toda su fuerza en las cosas más pequeñas, se angustian por lo más insignificante; y cuando se han pasado toda una mañana barriendo hasta el último átomo de polvo de todos los rincones de su cuarto, y han limpiado bien toda clase de objetos que caen bajo sus manos, y se han pasado una hora de ansiedad aguardando una carta que no ha venido, y luego una hora más buscando entre un montón de papeles una carta o una anotación sin importancia alguna, cabe preguntar: ¿qué han logrado, a no ser el haberse angustiado vanamente y malgasta-do por nada su fuerza y su poder espirituales?
Hemos de procurar vivir en espíritu lo más intensamente posible, desde el momento que es el espíritu quien guía nuestras relaciones con lo material. Si mentalmente nos rebajamos nosotros mismos ante los méritos de otro hombre, o envidiamos su mejor manera de vivir, o nos anonadan y nos humillan sus pretensiones en cualquier sentido que sea, o sentimos el pecaminoso autodesprecio que nos hace exclamar: “No puedo resistir a tal o cual pensamiento”, lo que hacemos en realidad con esto es poner en nuestro camino la más fuerte y más alta de las barreras. Lo cierto es que el mundo guarda para cada uno de nosotros lo mejor que tiene, y nos dará lo mejor que tiene -no ciertamente las casas, y los carruajes, y los ricos vestidos de otros hombres como nosotros-, sino otros semejantes a aquéllos, pero cuando los hayamos merecido, y cada uno de nosotros los puede igualmente merecer si tiene fe suficiente en la ley espiritual y en la condición mental que nos ha de traer las tales cosas, condición y ley que constituyen la única fuerza que realmente ha de darnos aquello que necesitamos y merecemos.
Esta fuerza no puede causarnos ningún agravio ni puede extraviarnos. Antes bien, nos alegrarán todas las cosas de este mundo. Es necesario y altamente beneficioso que todos nuestros gustos estén siempre de conformidad con lo que esta fuerza demanda, Pero hay maneras rectas y manera torcidas de alcanzar las cosas buenas de este mundo; en otras palabras: hay maneras sabias y maneras no sabías de lograr aquello que necesitamos. Injusticia o rectitud son palabras que sirven para decir exactamente lo mismo que ignorancia o falta de sabiduría. No nos echaremos al fondo de un precipicio mientras luce clara en el espacio la luz del sol, pero es muy posible que caigamos en él si andamos en medio de las tinieblas. No cumpliremos un acto, cualquiera que sea, si vemos con la más perfecta claridad que ha de ser en nuestro daño, y tampoco lo haremos si no ha de aprovecharnos en una u otra forma.
lunes, 5 de junio de 2017
Fuego – Pentecostés
tomado de https://palabrasconmiel.wordpress.com/simbolos/fuego/
Fuego – Pentecostés
Estas son las propiedades del fuego:
ilumina, y por eso su simbología se asocia a la luz; representa la inteligencia, la imaginación, la sabiduría, la “chispa creativa”;
se mueve y calienta y con eso sugiere imágenes de poder, energía, vitalidad; el calor que produce es indispensable para crear condiciones de vida;
quema y aquí reside su asociación con la idea de peligro, destrucción y purificación.
El fuego tiene, por todo esto, simbología positiva y negativa. El fuego es bueno porque produce calor y posibilita la vida. El fuego es dañino porque quema, cuando genera más calor que el que un cuerpo puede resistir. Es irrefrenable, indominable; se expande rápidamente.
La riqueza del símbolo también reside en que podemos percibirlo por los cinco sentidos, y cada uno de ellos aporta algún significado. Lo que captamos por los sentidos acerca del fuego, está determinado en gran parte por el combustible que lo alimenta:
vemos variedades de colores según sea la leña, el gas, o el elemento que se consuma;
olemos distintos olores, por el mismo motivo;
escuchamos el crepitar de una fogata, y en cambio el fuego de la hornalla de gas es casi silencioso;
sentimos al tacto el frío o el calor;
gustamos con distinto sabor una comida según la temperatura que tenga.
Por todas sus propiedades, el fuego es un símbolo adecuado para hablar de Dios en sus manifestaciones de poder, energía, expansión y generación de vida. El fuego aparece en numerosas teofanías (theos: Dios, fanérosis: manifestación):
Alianza con Abraham: Gén 15,7-21
Vocación de Moisés: Ex 3,1-10
Alianza con el pueblo: Ex 19,3-8
Acompañamiento del pueblo en el desierto: Ex 40,34-38.
Fuego en Pentecostés judío y
Pentecostés cristiano
Alianza con el pueblo: Ex 19,16-20
16 Al amanecer del tercer día, hubo truenos y relámpagos, una densa nube cubrió la montaña y se oyó un fuerte sonido de trompeta. Todo el pueblo que estaba en el campamento se estremeció de temor. 17 Moisés hizo salir al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios, y todos se detuvieron al pie de la montaña. 18 La montaña del Sinaí estaba cubierta de humo, porque el Señor había bajado a ella en el fuego. El humo se elevaba como el de un horno, y toda la montaña temblaba violentamente. 19 El sonido de la trompeta se hacía cada vez más fuerte. Moisés hablaba, y el Señor le respondía con el fragor del trueno. 20 El Señor bajó a la montaña del Sinaí, a la cumbre de la montaña, y ordenó a Moisés que subiera a la cumbre.
Algunas interpretaciones judías sobre la teofanía del Sinaí:
“Dios modeló el aire, lo extendió, lo cambió en algo como una llamarada ardiente. (…)Una voz resonó en medio del fuego que fluía desde el cielo, la voz más maravillosa y tremenda, porque la llama estaba dotada con un lenguaje articulado que se expresaba en una lengua familiar a los que la oían. Ella expresaba sus palabras con tanta claridad y distinción que parecía que el pueblo estaba viéndola, más que oyéndola” (De Decalogo, 32-33.46).
“Todas las palabras que salían de la boca del Todopoderoso se dividían en setenta idiomas” (T B Shab 88 b).
“ La voz salió y se dividió en setenta voces, en setenta lenguas, de modo que todos los pueblos la oyeron, y cada pueblo oyó la voz en su propia lengua.” (Rabí Johanan)
Nacimiento de la Iglesia, pueblo de Dios: Hech 2,1-4
Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse. (ver comentario más abajo)
* Las teofanías también incluyen fuego en el llamado a los profetas:
Is 6,1-8; Jer 20,7-9; Ez 1,4-28
* Elías es reconocido como un profeta que tuvo palabras de fuego:
1 Después surgió como un fuego el profeta Elías, su palabra quemaba como una antorcha.
2 Él atrajo el hambre sobre ellos y con su celo los diezmó.
3 Por la palabra del Señor, cerró el cielo, y también hizo caer tres veces fuego de lo alto.
4 ¡Qué glorioso te hiciste, Elías, con tus prodigios! ¿Quién puede jactarse de ser igual a ti?
5 Tú despertaste a un hombre de la muerte y de la morada de los muertos, por la palabra de Altísimo.
6 Tú precipitaste a reyes en la ruina y arrojaste de su lecho a hombres insignes:
7 tú escuchaste un reproche en el Sinaí
7 y en el Horeb una sentencia de condenación;
8 tú ungiste reyes para ejercer la venganza y profetas para ser tus sucesores
9 tú fuiste arrebatado en un torbellino de fuego por un carro con caballos de fuego.
10 De ti está escrito que en los castigos futuros aplacarás la ira antes que estalle,
10 para hacer volver el corazón de los padres hacia los hijos y restablecer las tribus de Jacob.
11 ¡Felices los que te verán y los que se durmieron en el amor, porque también nosotros poseeremos la vida! (Eclo 48,1-11)
Juan Bautista anuncia un bautismo de fuego:
7 Al ver que muchos fariseos y saduceos se acercaban a recibir su bautismo, Juan les dijo: «Raza de víboras, ¿quién les enseñó a escapar de la ira de Dios que se acerca? 8 Produzcan el fruto de una sincera conversión, 9 y no se contenten con decir: “Tenemos por padre a Abraham”. Porque yo les digo que de estas piedras Dios puede hacer surgir hijos de Abraham. 10 El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles: el árbol que no produce buen fruto será cortado y arrojado al fuego. 11 Yo los bautizo con agua para que se conviertan; pero aquel que viene detrás de mí es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias. Él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. 12 Tiene en su mano la horquilla y limpiará su era: recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en un fuego inextinguible». (Mt 3,7-12)
En esta predicación de Juan Bautista, se unen los dos aspectos del fuego:
El fuego destructor, que purificará de los pecados y rebeldías.
El fuego que encenderá los corazones, el ardor del Espíritu. A este fuego se refiere Jesús:
Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo! (Lc 12,49)
De este ardor habla el Señor en el Apocalipsis, cuando rechaza a los tibios:
14 Escribe al Ángel de la Iglesia de Laodicea: «El que es el Amén, el Testigo fiel y verídico, el Principio de las obras de Dios, afirma: 15 “Conozco tus obras: no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! 16 Por eso, porque eres tibio, te vomitaré de mi boca. (Ap 3,14-16)
* * *
Pentecostés: Una Iglesia libre de la Ley
Lic. María Gloria Ladislao
La fiesta judía de Pentecostés
La fiesta cristiana de Pentecostés, al igual que la Pascua, tiene sus raíces en la tradición judía. En esa fiesta, el pueblo judío celebra la entrega de las Tablas de la Ley hecha por Dios, a través de Moisés, a su pueblo reunido en el Sinaí. Es la fiesta de la Alianza, y en hebreo se la llama Shavuot, es decir, fiesta de las semanas, porque debe hacerse siete semanas después de la Pascua (Dt 16,9-12; Lv 16,15-23). La Pascua judía celebra la liberación de Egipto y Shavuot celebra que, en el desierto, Dios da su Ley indicando a este pueblo naciente el estilo de vida que asumirá de ahí en más: los mandamientos. Así, vemos que en la tradición judía Pascua y Pentecostés están íntimamente unidos. El pueblo, liberado de la esclavitud de Egipto, asume con los diez mandamientos un estilo de vida propio. Con la Alianza del Sinaí se compromete a ser pueblo de Dios y a vivir de ese modo: “Haremos todo lo que ha dicho Yavé” (Ex 19,8).
Pentecostés en el libro de los Hechos de los Apóstoles
La fiesta de Shavuot, recuerdo de la Alianza, era una de las fiestas en que los judíos peregrinaban al Templo de Jerusalén. Por eso el libro de los Hechos nos habla de una gran multitud que estaba allí reunida cuando se produce la venida del Espíritu Santo sobre la comunidad cristiana (Hech 2,1-41)
En el relato cristiano de Pentecostés, varios elementos evocan la Alianza del Sinaí.
En primer lugar, ambos son acontecimientos de los cuales participa todo el pueblo/comunidad reunido. “Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos. Uno de aquellos días Pedro se puso de pie en medio de los hermanos; el número de los reunidos era de unos ciento veinte…” (Hech 1,14-15).
Están los Doce, está María, están las mujeres de la comunidad, están los otros discípulos, en ese número redondo de ciento veinte, dándonos ya la imagen de una iglesia que irá creciendo en pequeñas comunidades alrededor de los apóstoles.
La comunidad cristiana está toda reunida en un “lugar alto” y hay un ruido que viene del cielo con fuego, así como en el Sinaí Dios descendió sobre el monte con ruido de trompeta y con fuego. La casa se llena toda con el viento, así como el monte Sinaí retemblaba todo con la presencia de Dios (Ex 19,18). En el Sinaí Dios regaló su Ley como norma de vida; ahora se regala El mismo en el Espíritu Santo para conducir a su pueblo, la Iglesia.
Libertad y vida en el Espíritu
Así como en la tradición judía, Pascua y Pentecostés también están íntimamente unidos en nuestra fe cristiana. En Pascua fuimos liberados de la muerte y del pecado, para vivir ya hoy en la nueva condición de resucitados. ¿Y cómo podremos hacer eso realidad? Para eso no basta conocer la Ley, por eso Jesús prometió su Espíritu. Es el Espíritu que vive en nuestro corazón el que nos da hoy vida de resucitados, vida nueva. San Pablo, un judío al que Jesucristo se le cruzó en el camino, entendió esto muy bien. En su carta a los Gálatas él muestra que la Ley no puede hacernos vivir como hijos de Dios. Porque la Ley nos dice lo que hay que hacer, pero no nos da la fuerza para hacerlo. Por el contrario, si es el Espíritu el que obra en nosotros, entonces sí nuestras obras, conducidas por el Espíritu, serán las que Dios quiere. Esta confianza en lo que Dios quiere, y no en nuestras propias fuerzas, es lo que lleva a San Pablo a afirmar: “Si somos conducidos por el Espíritu, no estamos bajo la Ley” (Gál 5,18).
A esta Iglesia naciente de la Pascua, el Espíritu Santo, en Pentecostés, le da el estilo de vida por el cual será conducida “sin estar bajo la ley”, en la libertad de los hijos e hijas de Dios. Una vida que no estará pendiente de cada mandamiento de la Ley, sino que será tener el corazón maleable y disponible para que el Espíritu actúe.
lunes, 27 de febrero de 2017
Jesús y la piedad judía
tomado de: https://palabrasconmiel.wordpress.com/apuntes-iii/jesus-y-la-piedad-judia/
Jesús y la piedad judía
Jesús y la piedad judía
– limosna, ayuno y oración –
sergeikoderEste material forma parte del Curso de Verano del Espacio Bíblico Palabras con miel
* La enseñanza de Jesús: Mt 6,1-4. 5-8. 16-18
* Según estos textos ¿cuál es la experiencia del Padre que tiene Jesús?
La invocación Abbá
La experiencia de Dios fue central y decisiva en la vida de Jesús. El profeta itinerante del reino, curador de enfermos y defensor de pobres, el poeta de la misericordia y maestro del amor, el creador de un movimiento nuevo al servicio del reino de Dios, no es un hombre disperso, atraído por diferentes intereses, sino una persona profundamente unificada en torno a una experiencia nuclear: Dios, el Padre de todos. Es él quien inspira su mensaje, unifica su intensa actividad y polariza sus energías. Dios está en el centro de esta vida. El mensaje y la actuación de Jesús no se explican sin esa vivencia radical de Dios. Si se olvida, todo pierde su autenticidad y contenido más hondo: la figura de Jesús queda desvirtuada, su mensaje debilitado, su actuación privada del sentido que él le daba.
(…) ¿qué experiencia de Dios tiene Jesús? ¿Quién es Dios para él? ¿Cómo se sitúa ante su misterio? ¿Cómo le escucha y se confía a su bondad? ¿Cómo lo vive? No es fácil responder a estas preguntas. Jesús se muestra muy discreto sobre su vida interior. Sin embargo, habla y actúa de tal manera que sus palabras y sus gestos nos permiten vislumbrar de alguna manera su experiencia.
(…) Jesús vive desde la experiencia de un Dios Padre. Así lo capta en sus noches de oración y así lo vive a lo largo del día. Su Padre Dios cuida hasta de las criaturas más frágiles, hace salir su sol sobre buenos y malos, se da a conocer a los pequeños, defiende a sus pobres, cura a los enfermos, busca a los perdidos. Este Padre es el centro de su vida.
(…) A Jesús le gusta llamar a Dios “Padre”. Le brota de dentro, sobre todo cuando quiere subrayar su bondad y compasión.
(…) Pero, sin duda, lo más original es que, al dirigirse a Dios, lo invocaba con una expresión desacostumbrada. Lo llamaba Abbá. Le vive a Dios como alguien tan cercano, bueno y entrañable que, al dialogar con él, le viene espontáneamente a los labios solo una palabra: Abbá, Padre mío querido
José Antonio Pagola en “Jesús. Aproximación histórica”, PPC y Editorial Claretiana, 2009
Cuestiones metodológicas: El criterio de discontinuidad
Llamado también de disimilitud, de originalidad o de irreductibilidad dual, se centra en palabras o hechos de Jesús que no pueden derivarse del judaísmo de su época ni de la Iglesia primitiva posterior a él. La labor histórico-crítica realizada en las dos últimas centurias ha proporcionado notables progresos a nuestro conocimiento del judaísmo y del cristianismo del siglo I. Poseemos documentos del siglo I que proceden directamente de tales ámbitos religiosos – Qumram, Josefo y Filón para el judaísmo, y la mayor parte del NT para el cristianismo –, por no hablar de importantes hallazgos arqueológicos.
Jesús fue un judío del siglo I cuyos hechos y dichos la Iglesia primitiva veneró y transmitió. Una completa ruptura con el ambiente religioso inmediatamente anterior o inmediatamente posterior a él es inverosímil a priori. De hecho, si Jesús hubiera sido tan “discontinuo” y único, si hubiera estado tan apartado del flujo de la historia anterior y posterior a él, habría resultado ininteligible para prácticamente todo el mundo. Para ser un maestro eficaz (y Jesús parece haberlo sido, en opinión de todos los expertos) hay que adaptarse a las concepciones y puntos de vista de aquellos a los que se enseña, incluso cuando la finalidad es cambiar esas concepciones y puntos de vista.
John Meier, Un judío marginal, Ed. Verbo Divino, Navarra, 2000, T.I, pg.187
La oración
Bendito seas, Señor,
nuestro Dios y Dios de nuestros padres,
Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob,
Dios grande, poderoso y terrible,
Dios altísimo, Señor del cielo y de la tierra,
nuestro escudo y escudo de nuestros padres,
nuestro recurso en todas las generaciones.
Bendito seas, Señor, escudo de Abraham.
(de Las 18 bendiciones)
Algunas prácticas de oración personal y comunitaria en el judaísmo/judaísmos
En la sinagoga: salmos y otras oraciones: Kadish y Amidá
En el templo
La oración cotidiana: bendición y acción de gracias por los alimentos
Shemá (Dt 4,6-9) tres veces al día
Tephillah (oración) tres veces al día, con bendiciones
Para recitar la Shemá y otras oraciones los varones se colocan las filacterias, tephilim; cf. Mt 23,5.
Extracto del Kadish
Que su gran nombre sea exaltado y santificado en el mundo que él ha creado según su voluntad.
Que él traiga su reino para gobernar en nuestra vida y en nuestros días y en toda la casa de Israel rápido y enseguida. Y ustedes dirán: Amén.
Que tu oración sea escuchada y tu petición sea respondida con las peticiones de toda la casa de Israel ante nuestro Padre que está en los cielos.
Que los cielos traigan gran paz, ayuda, liberación, libertad… para todas la comunidad de toda la casa de Israel para vida y paz. Y ustedes dirán: Amén.
La oración personal de Jesús
Toda la vida de Jesús se realiza en un clima de oración. Su vida pública comienza con una oración en el bautismo (Lc 3,21) y un largo retiro de oración en soledad (Mt 4,1-11). Y termina también con una oración (Mt 27,46; Mc 15,34; Lc 23,46).
Jesús aparece orando en los momentos de decisiones históricas importantes, como al elegir a los doce (Lc 6,12-13), al enseñar el padrenuestro (Lc 11,1), antes de curar al niño epiléptico (Mc 9,29). Ora por personas concretas, por Pedro (Lc 22,32), por los niños (Mc 10,16), por los verdugos (Lc 23,34).
A veces se retiraba de su actividad pública para dedicar largos ratos para conversar con su Padre. Para ello se le ve irse a un huerto apartado o a un descampado. Allá pasa horas enteras (Mc 1,35; 6,46; 14,32). E incluso noches enteras (Lc 6,12) “El acostumbraba retirarse a lugares despoblados para orar”(Lc 5,16).
El contenido profundo de la oración de Jesús es muy simple: es mostrar la aceptación de la voluntad de Dios sobre el Reino y sobre su propia persona, y mostrar la alegría y el agradecimiento de que el Reino se extienda. Este contenido expresa la experiencia de sentido último de Jesús: que Dios se va haciendo presente en la historia a través del amor.
José Luis Caravias, El Dios de Jesús, https://jlcaravias.files.wordpress.com
¿Qué rezaba Jesús? Jesús alaba al Padre: Mt 11,25-27 // Lc 10,21-22
Jesús enseña a rezar: el Padre Nuestro Mt 6, 9-13 // Lc 11, 2b-4
La limosna
La limosna: Leemos Mt 6,1-4 en el contexto previo de Mt 5 (1-12. 17. 20)
Sentido de la palabra limosna
El hebreo no tiene una palabra especial para designar la limosna. Nuestra palabra deriva del griego eleemosyne. En la Septuaginta designa:1) La misericordia de Dios 2) La respuesta leal del hombre a Dios (poco) 3) La misericordia del hombre con sus semejantes, traducida en actos, entre los cuales resalta el apoyo material a los que padecen necesidades.
La palabra griega acabará por limitarse al sentido preciso de “limosna” en los libros tardíos del AT: Daniel, Tobías y Eclesiástico, y en el NT.
Nos nutrimos en el AT
Los tres códigos legislativos:
De la Alianza: Éx 20, 22 a 23,19, particularmente Ex 22,20 – 23,12
De Santidad: Lv 17-26, particularmente Lv 19,9-10
Deuteronómico: Dt 12,2 a 26,15, particularmente Dt 24,17-22
Tobías (225 – 175 aC) deuterocanónico: 1,3.8.16ª; 2,2; 4,5-11.16; 7,6; 9,6; 12,8-9; 14,2.8-11
En la literatura sapiencial: Job 31, 16-20.32; Eclo 3,30 a 4,10; 7,10; 29, 8-13; 35,4
Buscamos en la literatura rabínica
Targum Neofiti de Dt 34, 6 (Lo enterró [Yahvé] en el Valle, en el país de Moab, frente a Bet Peor. Nadie hasta hoy ha conocido su tumba): “Bendito sea el nombre del Señor del universo, que nos ha enseñado sus caminos justos. Nos ha enseñado a vestir a los que están desnudos, habiendo revestido él mismo a Adán y a Eva (Gn 3, 21); nos ha enseñado a unir a los novios y novias, habiendo unido a Eva con Adán (Gn 1, 27); nos ha enseñado a visitar a los enfermos, desde que se apareció en la llanura de Mambré a Abrahán (Gn 18, 1), que sufría aún por la herida de su circuncisión (Gn 17, 26-27); nos ha enseñado a consolar a los que guardan luto, desde que se apareció en cierta ocasión a Jacob, al volver de Padán, en el lugar donde había muerto su madre (Gn 35, 8-9); nos ha enseñado a alimentar a los pobres, por haber hecho descender el pan del cielo para los hijos de Israel (Sal 105, 40); nos ha enseñado a sepultar a los muertos desde la muerte de Moisés (Dt 34, 6)”
Jesús y la piedad judía – La limosna
Mateo 25, 31 ss:
La escena es grandiosa. El Hijo del hombre llega como rey con un cortejo grandioso, “acompañado de todos sus ángeles”, y se sienta en su “trono de gloria”. Ante él comparece la “asamblea de todas las naciones”. Es el momento de la verdad. Allí están gentes de todas las razas y pueblos, de todas las culturas y religiones, generaciones de todos los tiempos. Todos los habitantes del orbe, Israel y los pueblos gentiles van a escuchar el veredicto final.
El rey comienza por separarlos en dos grupos, como hacían los pastores con su rebaño: las ovejas a un lado, para dejarlas al fresco durante la noche, pues así les va mejor; las cabras a otro lado, para cobijarlas en el interior, porque el frío de la noche no les hace bien. El rey y pastor de todos los pueblos tiene con cada grupo un diálogo esclarecedor. Al primer grupo le invita a acercarse: “Venid, benditos de mi Padre”: son hombres y mujeres que reciben la bendición de Dios para heredar el reino “preparado para ellos desde la fundación del mundo”. Al segundo grupo le invita a apartarse: “Apartaos de mí, malditos”: son los que se quedan sin la bendición de Dios y sin el reino. (…) En realidad, no hay propiamente una sentencia judicial. Cada grupo se dirige hacia el lugar que ha escogido. Los que han orientado su vida hacia el amor y la misericordia terminan en el reino del amor y la misericordia de Dios. Los que han excluido de su vida a los necesitados se autoexcluyen del reino de Dios, donde solo hay acogida y amor.
El criterio para separar a los dos grupos es preciso y claro: unos han reaccionado con compasión ante los necesitados; los otros han vivido indiferentes a su sufrimiento. El rey habla de seis situaciones de necesidades básicas y fundamentales. No son casos irreales, sino situaciones que todos conocen y que se dan en todos los pueblos de todos los tiempos. En todas partes hay hambrientos y sedientos; hay inmigrantes y desnudos; enfermos y encarcelados. No se dicen en el relato grandes palabras. No se habla de justicia y solidaridad, sino de comida, de ropa, de algo de beber, de un techo para resguardarse. No se habla tampoco de “amor”, sino de cosas tan concretas como “dar”, “acoger”, “visitar”, “acudir”. Lo decisivo no es un amor teórico, sino la compasión que ayuda al necesitado.
La sorpresa se produce cuando el rey asegura: “Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis”. El primer grupo manifiesta su asombro: nunca han visto al rey en estas gentes hambrientas, enfermas o encarceladas; ellos han pensado solo en su sufrimiento, en nada más. La extrañeza es compartida por el segundo grupo: ni se les había pasado por la cabeza que podían estar desatendiendo a su rey. Pero éste se reafirma en lo dicho: él está presente en el sufrimiento de estos “hermanos pequeños”. Lo que se les hace a ellos se le está haciendo a él.
Los que son declarados “benditos del Padre” no han actuado por motivos religiosos, sino por compasión. No es su religión ni la adhesión explícita a Jesús lo que los conduce al reino de Dios, sino su ayuda a los necesitados. El camino que conduce a Dios no pasa necesariamente por la religión, el culto o la confesión de fe, sino por la compasión hacia los “hermanos pequeños”.
Jesús. Aproximación histórica. José Antonio Pagola
Jesús y la piedad judía – El ayuno
En el Antiguo Testamento
Ayuno de 40 días de Moisés Ex 34,28 y de Elías 1 Re 19,8.
Prescripción del ayuno para el Día del Perdón: Lv 16,29-31
Profetas post-exílicos: Joel 2,12-18 (1ra. lectura del Miércoles de Ceniza); Is 58,1-12
No se ayuna en días de fiesta: Jdt 9,5-6
Jesús y el ayuno
Marcos no menciona los 40 días de ayuno en el desierto Mc 1,12-13. Sí lo mencionan Mt 4,2 y Lc 4,2.
Durante el ministerio público: Mc 2,18-22 y //
Era una práctica habitual en Jesús y sus discípulos: Lc 7,33-35
EL REINO YA PRESENTE
No hay noticias sobre la manera y la periodicidad exactas con que practicaban el ayuno los discípulos de Juan Bautista en tiempos de Jesús. Cabe suponer que no seguían la dieta sumamente restringida de su maestro (saltamontes y miel silvestre); pero, de la rigidez y austeridad del Bautista es razonable inferir una práctica del ayuno entre sus seguidores más fieles. (…) El ayuno seguramente significaba para los discípulos de Juan dolor y arrepentimiento por el pecado, junto con una intensa súplica a Dios para que los librase del terrible castigo anunciado para el último día.
(…) El mismo Jesús se refirió con ironía a la marcada diferencia entre el ascético Bautista y el Jesús “glotón y borracho”, indicando que, cualquiera de ambos tipos de conducta que se adopte, siempre hay quien encuentra algo para criticar (Mt 11,16-19//Lc 7,33-35). Quizás su convivialidad con recaudadores de impuestos y pecadores (Mc 2,13-17; Mt 11,19; Lc 19,7; Lc 15,1) era todavía más censurable por no estar compensada con la práctica del ayuno voluntario en ciertas ocasiones. Todos estos aspectos de la conducta de Jesús son coherentes con su mensaje: El Reino de Dios no sólo se encontraba muy próximo, sino que en cierto sentido estaba ya presente en el ministerio de Jesús, ofreciendo curación y alegría a quienes lo aceptaban. El banquete escatológico de salvación, prometido para un próximo futuro a muchos de oriente y occidente (Mt 8,11), estaba de algún modo ya disponible para los que compartían la alegría de Jesús en las comidas.
John Meier, Un judío marginal, Ed. Verbo Divino. T II, pág. 531
miércoles, 25 de enero de 2017
El Espíritu Santo: soplo de vida
tomado de: https://palabrasconmiel.wordpress.com/simbolos/viento/
El Espíritu Santo: soplo de vida
Una de las formas en que el Espíritu Santo aparece en la Biblia es con el símbolo del soplo o el aliento.
Desde la primera página del Génesis, se habla de ese soplo de Dios que sobrevolaba las aguas y el caos original:
La tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y el soplo de Dios aleteaba sobre las aguas (Gén 1,2).
Ese soplo divino fue poniendo orden y vida, y así surgió la creación que superó el caos.
La palabra soplo también se podría traducir como “aliento”. Pensemos cuánto significado tiene esta expresión para nosotros, por ejemplo cuando decimos que alguien “nos da aliento” o incluso en el deporte cuando hablamos de alentar a un equipo. Esa es la imagen que la Biblia nos da del Espíritu Santo: el que nos alienta, nos anima, y con su fuerza nos empuja y nos conduce.
Cuando Jesús Resucitado se aparece en medio de su comunidad, el gesto que hace sobre ellos es darles ese soplo de vida:
Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo:
– «¡La paz esté con ustedes!
Como el Padre me envió a mí,
yo también los envío a ustedes».
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió:
– «Reciban el Espíritu Santo». (Jn 20,20-22)
Con su Espíritu, con ese soplo que trae la renovación y la fuerza de la Resurrección, Jesús nos alienta. Nos da de su propio aire y nos hace respirar en esta nueva vida de resucitados. Como el aire de la respiración, también el Espíritu Santo actúa renovando desde adentro, llenando cada espacio de nuestro ser, y llevándose con su soplo todo lo que no sirve, lo tóxico, lo que impide la vida.
Celebrar Pentecostés es “renovar el aire” y dejarnos alentar e impulsar por el Espíritu de Dios que da vida.
Contenido del programa Destellos Cotidianos, Radio María Argentina, a cargo de la Prof. María Gloria Ladislao.
La respiración
Cuando respiramos, el aire penetra por la nariz, pasa por el conducto nasal, atraviesa la faringe, llega a la laringe, a la tráquea, a los bronquios, y por último, a los alvéolos pulmonares. Es aquí donde se realiza el intercambio gaseoso: se toma oxígeno que luego viajará por las arterias, y se expele el exceso de oxígeno junto con el dióxido de carbono, producto de los procesos vitales.
Respirar es para el hombre una necesidad y un misterio. Vemos en esta función el secreto de la vida. Por eso diversas religiones han visto en el aire y la respiración un símbolo de la energía creadora y reparadora, donde el ser humano descubre la reserva inagotable de su propia existencia.
El aire se asocia, básicamente, a tres factores: el espacio como ámbito de movimiento y de generación de procesos vitales; el viento, que en muchas narraciones míticas aparece fuertemente ligado a la idea de creación; y el hálito vital que posibilita la existencia y la palabra.
Diógenes de Apolonia, filósofo griego presocrático (c.460 a.C.) declaró que el aire, la fuerza primera, poseía inteligencia: “el aire, como origen de todas las cosas, es necesariamente eterno, una sustancia imperecedera, pero como alma está necesariamente dotado de consciencia”.
Mito guaraní de la creación:
Mientras nuestro Primer Padre creaba, en el curso de su evolución, su divino cuerpo
existía en medio de los vientos primigenios: antes de haber concebido su futura morada terrenal.
Para los yoguis, prana es la energía que sustenta el universo. Es el aliento, el soplo del Ser Supremo que nos permite vivir. Hay que hacer ejercicios de inspiración y de espiración profunda, lenta y ritmada. Entonces “se abre el velo que cubre la luz y la mente está preparada para la concentración”. La respiración se denomina pranayama.
En el Antiguo Testamento
El hálito de vida o respiración es nefesh. Neshamá significa “ser viviente” (ser con respiración): Génesis 2,7
Los salmos invitan a que toda Neshamá, es decir, todo ser viviente, alabe al Señor: Salmo 150.
El soplo de Dios también aparece nombrado como ruaj. Este soplo levanta y da vida a los huesos muertos, según la profecía de Ezequiel cap. 37.
En el Nuevo Testamento
EVANGELIO del domingo 27 de mayo de 2012, Pentecostés
Jn 20, 19-23
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.
Al atardecer del primer día de la semana, los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos. Entonces llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”. Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: “¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes”. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: “Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan”.
“[En el Evangelio según San Juan] la primera aparición del Señor resucitado a los discípulos está narrada en Jn 20,19-23. El autor incluye en el comienzo la nota cronológica: “el primer día de la semana”, posiblemente por la referencia litúrgica que este día ya tenía para los primeros cristianos. Pero también porque el primer día de la semana es el recuerdo del comienzo de la creación.
(…) En ese contexto, el autor introduce la donación del Espíritu. Comienza con las palabras del envío de los discípulos: “Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes”. Los que hasta ese momento eran llamados discípulos se convierten en apóstoles, enviados. El Enviado del Padre es por antonomasia el mismo Jesucristo. Con palabras solemnes, Jesús los constituye enviados de una manera semejante a la que El tiene como enviado del Padre: “Como el Padre me envió a mí…”. Ellos son enviados como fue enviado Jesucristo.
El gesto de soplar sobre ellos recuerda la escena de la creación del hombre (Gén 2,7). El mismo verbo soplar (en griego enefísesen) se encuentra en dos lugares. Otros usos del mismo verbo en el Antiguo Testamento son muy significativos. En Sab. 15,11, un texto referente a la creación del hombre, se describe a Dios como “el que sopló (emfisésanta) un espíritu vital”. El mismo verbo aparece en la escena de los huesos secos de Ezequiel 37,9: “Ven Espíritu y sopla (emfíseson) sobre estos muertos para que vivan”.
En el contexto del primer día de la semana, que conmemora el comienzo de la creación, se produce la nueva creación del hombre mediante la infusión del Espíritu Santo. La vida eterna que viene de Dios, anunciada por los profetas, se ha hecho presente.”
(Extractos de “El Espíritu Santo en las Sagradas Escrituras”, Luis Rivas, Ed. Paulinas)
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EL VIENTO
Junto con el agua, la tierra y el fuego, el aire constituye uno de los cuatro elementos de la naturaleza. El aire y el fuego son considerados de carácter masculino y activo.
En muchas narraciones míticas el soplo o aire en movimiento está ligado a la idea de creación.
El viento se presenta con características de fuerza y dinamismo, capaz de empujar, propulsar y arrastrar. Es, además, inasible e indominable.
Como ser poderoso e inaprensible, el viento se convierte fácilmente en un elemento capaz de evocar la naturaleza de Dios, la trascendencia de su ser y de su acción. El viento es invisible; así puede sugerir el misterio del Dios escondido. Por sus espectaculares efectos, el viento expresa adecuadamente las diversas modalidades de la acción divina.
En el Antiguo Testamento el soplo de Dios es nombrado RUAJ, que es una palabra femenina (Gén 1,1-2).
“¿Por qué el viento como símbolo de Dios? El aire en movimiento es un elemento soberanamente libre, el vehículo privilegiado de la luz y la palabra, y una fuerza activa necesariamente ligada a la vida. En este estadio que preludia la creación, Dios no está ligado, aprisionado por la indeterminación del caos; se alista para proferir la palabra creadora. Se entiende así que el Dios de antes de los orígenes no sea pasivo, fijo e inmóvil, sino activo y en movimiento: él aletea, se eleva y vuela por arriba de lo indeterminado y virtual.” (Hna. Marta Bauschwitz)
El viento no se ve, pero se notan sus efectos: se vuelan las hojas, se golpean las puertas, lo escuchamos soplar… Así también, el lenguaje bíblico señala la presencia del Espíritu de Dios con manifestaciones sensibles: soplos, ruidos, fuego, como en Ex 19 y Hech 2.
Y así es el Espíritu, que cuando sopla y anima a las personas y a las comunidades, se hace visible en los frutos de amor.
El soplo de Dios hace nacer al pueblo: Ex 14, 21 y Hech 2,1-4
El Espíritu empuja a Jesús: Lc 4,1; Lc 4,14-15
El Espíritu sopla donde quiere y genera un nuevo nacimiento. Diálogo con Nicodemo, Jn 3,1-8: “El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene, ni a dónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu”.
Ezequiel y la visión de los huesos secos: Ez 37,1-10
“Obra y frutos del Espíritu Santo
(…) la mujer debe situar su experiencia dentro de la obra y los frutos del Espíritu, único “autor de la espiritualidad”. Espíritu que es “dador de vida” y que tiene, por lo tanto, características femeninas. En hebreo es la RUAJ de Dios, el Viento que trae la Vida.
A ese Espíritu de Dios, Espíritu de la vida, de fuerza, de luz, lo llamamos “Espíritu Santo”. Es quien nos hace participar de la vida de Dios, y nos une al Señor Jesús para llegar a ser con El un Espíritu (1 Cor 6,17). Es el Espíritu creador, renovador de la esperanza, de la vida nueva, de la creación nueva, de la creatura nueva (Is 4,2-9; 43,19; Ez 36,26; Rom 6,4, 2 Cor 5,17). Es el Espíritu de la novedad total y creativa, capaz de inventar constantemente en las distintas situaciones de la vida las más variadas respuestas.” (Teresa Porcile, Con ojos de mujer, Ed. Claretiana)
lunes, 31 de octubre de 2016
ZOMBIES O MUERTOS VIVIENTES
En las películas modernas han influenciado más a muchos grupos sociales que los mismos libros sagrados como la Biblia, quizá salidos de los mismos conocimientos bliblicos y religiosos se imponen costumbres como las de los muertos vivientes o zombies.
El que tenga ojos que vea y el que tenga oidos que escuche, habla del despertar espiritual que todos debemos tener delante de Dios Padre, yendo a su reino de Dios y pudiendo ver y hablar con los habitantes de allí, sin dejar de vivir en nuestro mundo.
Que los muertos entierren a sus muertos es otra forma de hablar de los zombies, y los que no obran delante de Dios Padre y su Ley son muertos vivientes algo así como sonámbulos, que estando despiertos en nuestro cuerpo andan como dormidos o muertos.
He allí el verdadero camino para traer el Reino de Dios a la tierra, realmente yendo allí despierto para traer fuerza, conocimiento y sabiduría y no quedar atrapados por esas fuerzas bajas y groseras que nos hacen dudar de Dios, sus Leyes y los ritos encomendados a nuestros sacerdotes.
Fuerza tan letal que hoy absorbe a las mujeres, quienes tradicionalmente son más espirituales y perceptivas por el don que tienen al traer el espíritu que desean para que encarne en su bebe en formación y así mismo para acercarnos al mundo espiritual y de sus Leyes que de otra manera rechazamos quedando atrapados en la parte meramente material o física.
recordemos que la forma más efectiva de acercarnos a Dios Padre, su reino y el despertar espiritual es deseando que durante nuestro descanso o sueño podamos ir a su Reino y entrar en contacto con los habitantes de allí y sobre todo poder traer tales conocimientos y experiencias a nuestro planeta y recordarlas para poder beneficiarnos y ayudar a nuestro congéneres.
es así, que lo peor, nos es dado como chiste y a lo bueno lo llamamos malo, permitiendo que el cerco de oscuridad nos aleje del reino de Dios en vez de traer esa Luz y apartar las tinieblas que constantemente están tratatando de envolvernos.
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